¿Porque es necesario una ética para pensar los nuevos adelantos científicos?
Seudónimo: DITTO
No hay duda de que las nuevas tecnologías han cambiado profundamente a la sociedad en los últimos veinte años, tanto en la política y la economía como en las relaciones sociales. Que ese impacto sea desigual y refleje las fracturas y diferencias sociales y culturales, no implica que no produzca efectos en todos y cada uno de nosotros, aunque no seamos usuarios avanzados de las nuevas tecnologías.
Vivimos una época sustancialmente distinta de las anteriores: La ciencia y la tecnología han tenido tanto auge, tanto desarrollo que hoy en día la vemos como algo totalizador, están insertas en la vida cotidiana, como la plancha (o más) y dotadas de una potencialidad –en sentido aristotélico- cuyo límite es la imaginación. Tanto en la Modernidad como en la Postmodernidad podemos apreciar innovaciones tecnológicas de fuerte impacto y significación social como por ejemplo: el gas de alumbrado, la imprenta movida a vapor, la radiodifusión, la energía atómica y los viajes espaciales fueron realizaciones técnicas dotadas de un alto contenido científico, estos se fueron presentando de forma aislada años atrás. En la actualidad, muchos consideran que de continuar los avances tecnológicos con el ritmo que llevan, podrían llevar a la destrucción del planeta.
A mi entender la tecnología tiene poder suficiente para crear un gran caos, pero todo depende de la forma en que se utilice.
Estoy de acuerdo con algunos pensadores que dicen que la tecnología es un Dios y a la vez un demonio. Trae consigo muchas cosas buenas, pero si nos dejamos arrastrar, no se sabe hasta dónde llegaremos, no sabemos qué suerte correremos.
Hoy no es ingenuo hablar de una Era de la tecnología o del consumismo o del individualismo. Finkielkraut dice: “Vivimos en la hora de los feelings: ya no existe verdad ni mentira, estereotipo ni invención, belleza ni fealdad, sino una paleta infinita de placeres, diferentes e iguales. La democracia que implicaba el acceso de todos a la cultura se define ahora por el derecho de cada cual a la cultura de su elección” . Por eso es que a diario podemos apreciar los continuos avances de la ciencia y la tecnología, que nos ofrecen posibilidades sin límites, permiten comunicarnos con lugares situados a kilómetros en menos de un segundo, pero también brindan armas a los terroristas internacionales con las cuales pueden llevar a cabo sus planes de aniquilación a miles de personas en esa misma fracción de segundos. Si prestamos atención a la proliferación y tráfico de armas pequeñas y de destrucción masiva y el cambio de nuestro medio ambiente, todo esto pone en riesgo no tan solo nuestra estabilidad sino también nuestra supervivencia. La dinámica particular que adquirieron las relaciones entre las personas y los grupos sociales, la visión misma que el hombre tiene de sí mismo, del mundo y de su relación con él y con sus semejantes.
Coincido con Lipovetsky cuando dice “la cultura postmoderna es descentrada y heteróclita, materialista y “psi”, porno y discreta, renovadora y retro, consumista y ecologista, sofisticada y espontánea, espectacular y creativa; el futuro no tendrá que escoger una de esas tendencias sino que, por el contrario, desarrollar las lógicas duales, la correspondencia flexible de las antinomias…es un vector de ampliación del individualismo; al diversificar las posibilidades de elección, al anular los puntos de referencia, al destruir los sentidos únicos y los valores superiores de la modernidad, pone en marcha una cultura personalizada o hecha a medida que permite al tomo social emanciparse del balizaje disciplinario – revolucionario” (p.11)
En la actualidad la ciencia y la tecnología generan reverencia, bienes, rentabilidad, ganancias, poder; son temibles y deseadas, que otorgan prestigio a quienes las fomentan. La tecnología y la ciencia nos proporcionan felicidad, nos resuelve muchos problemas, pero muchas veces además de estos trae consigo nuevos problemas de difícil solución.
Por ejemplo el desequilibrio entre el progreso material y el retraso moral ético y espiritual del mundo actual. Esto no significa que los hombres hayan dejado de lado los aspectos más elevados de la condición humana, por el contrario cada vez más se trata de concientizar la relación entre la ética, la ciencia y la tecnología. Para el establecimiento de ésta y para que esta relación sea posible es necesario que tenga como núcleo la ética, ya que es el instrumento de orientación de los seres humanos, que permite seleccionar los cauces que se corresponden con la dignidad humana.
La ética es la que tiene que guiar a la ciencia y a la tecnología en su capacidad de servir al desarrollo del hombre. ¿Son los conocimientos y avances científicos y tecnológicos los que traen aparejados todo tipo de amenazas para nuestra supervivencia? ¿O es utilización al alcance de todos o utilizados de acuerdo a los intereses del poder político y económico? Atendiéndose a las realidades actuales del mundo, la respuesta puede resultar obvia. Esto señala la necesidad imperiosa de corregir el rumbo; no se trata de renunciar a los avances de la ciencia y la tecnología sino de recuperar el perdido equilibrio, poniendo a la figura humana en primer lugar y sus posibilidades de superación como el gran objetivo al que deberá subordinarse lo material.
En este sentido creo conveniente recordar las palabras de Misha Cotlar: “La ciencia sin ética es ciega, y la ética sin ciencia es algo vacío”.
"Sin cultura ética –basada en el amor y la cooperación; no en la rivalidad, la competencia o el deseo de poder– difícilmente habrá solución a los grandes problemas de la humanidad".
"Sin cultura ética, el desarrollo de la tecnología será como un arma peligrosa en manos de un niño".
"Sin cultura ética, no habrá riqueza en el interior de los hombres. Si uno necesita lujos y placeres excesivos es porque su interior está vacío".
"Es necesaria una intensa y urgente difusión de las nociones básicas de la ética, para que se comprenda que los problemas humanos no se resuelven por la violencia o el poder sino mediante facultades superiores, latentes en todos los seres humanos".
Finalmente respondiendo a mis preguntas iníciales me veo inclinada a sostener que la ética no acompañó siempre a la ciencia y a la tecnología durante todos sus procesos de evolución. Llego a esta conclusión aseverando nuevamente, que los cambios fueron vertiginosos, que por lo general nos vimos exigidos a adherirnos; estamos insertos en el mundo de la globalización y nuestra sociedades se ven obligadas a adoptar tecnologías sin tener el desarrollo cultural ético y social necesario.
Si no, recuerden u observen, la mayoría de nuestros padres en su momento y aun en la actualidad tienen que afrontar la adaptación a las tecnología que sus empresas adquieren y de las que ellas no pueden dar un paso atrás, estos se ven inmersos en un proceso de adaptación poco flexible; o la utilizan o la utilizan, caso contrario quedan fuera del sistema.
Consideremos una vez más, el hecho de que las tecnologías cambian constantemente y que aquellas cosas (sobre todo las más llamativas para nuestra edad) en un momento resultan imposibles o muy costosas, de pronto, se convierten en un bien accesible, primero para una minoría más poderosa y luego para el resto, esto incrementa las violaciones legales y éticas. Si observamos las góndolas en los supermercados cambian de disposición sus productos de acuerdo a un determinado día, eso pasa porque la base de datos de toda la población está al alcance de todos, en especial de los que tienen el poder económico, estos pueden obtener nuestro perfil de consumidor y de acuerdo a eso determinar que podría comprar.
¿Y qué pasa con el respeto a mi intimidad, o el hacer uso de mi libertad? O sea que por cuestiones de negocios “todo vale” y creo que también vale la pena responder a estos nuevos dilemas y fijar nuevas reglas morales, que cada sociedad lo haga de acuerdo a sus costumbres, su cultura y su sistema moral, y a su necesidad de actualización.
Está en nuestras manos en lograr el equilibrio necesario e indispensable para nuestro futuro.
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