viernes, 7 de mayo de 2010

Eje 3: ¿Con-vivir en el conflicto?

        El último eje del programa nos abre un abanico de temas muy amplio y sumamente rico para abordar en nuestro trabajo con los/as alumnos/as. Para poder brindar un adecuado espectro de este eje vamos a llevar a cabo un análisis de los diferentes textos, poniendo el acento en ciertas problemáticas que aparecen en estos planteadas. Sin perder de vista que existe una estrecha vinculación entre las cuestiones que vamos a plantear, dividiremos el tratamiento de las mismas en dos grandes partes. En la primera, serán la crítica a la democracia liberal, el multiculturalismo, la tolerancia/intolerancia, la discriminación y el racismo los asuntos que abordaremos. Mientras que en la segunda centraremos la atención en temáticas como la inclusión/exclusión, la violencia, la globalización, el género y la ecología.
        "El infierno son los otros" sentencia descarnadamente Sartre. "Toda conciencia persigue la muerte de otra" afirma lapidariamente Hegel. La discriminación, la xenofobia y hasta el exterminio de millones de personas en la guerra y/o campos de concentración, parecen confirmar, que en efecto, los seres humanos no soportamos la presencia de otros seres humanos, que los otros no son más que nuestros rivales. Si esto es así, entonces: ¿es posible vivir con los otros? ¿Cómo? ¿Puede haber algún tipo de concordia a partir de la discordia?  ¿Nos enfrentamos los humanos en sociedad porque no somos lo suficientemente racionales o porque no somos razonables?¿Puede haber política sin conflictos ni enfrentamientos?¿No sería peor el infierno de ser ignorado por lo otros que el de vivir entre ellos? Estas son algunas de las cuestiones que aborda Fernando Savater en “Vivir juntos” ( cap. 8 del libro Las preguntas de la vida que está en el manual de EGB 3), texto en el que comienza sosteniendo que no sólo es posible vivir con los otros, sino imprescindible porque: "Al  nacer somos "capaces" de humanidad, pero no actualizamos esa capacidad  -que incluye entre esos rasgos la autonomía y la libertad- hasta gozar y sufrir la relación con los demás (...) Para conocernos a nosotros mismos necesitamos primero ser reconocidos por nuestros semejantes" (p. 203   )Sin embargo, y pese a que no somos sin los otros, también es muy evidente que nos cuesta ser con los otros. La convivencia entre seres humanos es sumamente compleja y siempre precaria. De allí la necesidad de la ética, la cual -tal como sostiene el mismo Savater en Ética para Amador (manual de EGB 3)- tiene como especialidad "cómo vivir bien la vida que transcurre entre seres humanos". Todo lo cual, implica reconocer a los otros hombres como nuestros semejantes y ser capaces de ponernos en su lugar, pero también ser capaces de reconocer a cada cual en su singularidad, en su originalidad. En este sentido, afirma: "El primero de los derechos humanos es el derecho a no ser fotocopia de nuestros vecinos, a ser más o menos raros. Y no hay derecho a obligar a que otro deje de ser "raro" por su bien, salvo que su "rareza" consista en hacer daño al prójimo directa y claramente...." (p. 140)
             En nuestras sociedades contemporáneas el difícil arte de vivir en sociedad parece acentuarse aún más. La tensión constante entre una progresiva universalización y una exaltación creciente de los particularismos, contribuye a cimentar este estado de cosas. La expansión formidable de la economía de mercado, los avances tecnológicos, la extensión y rapidez de las comunicaciones, han posibilitado un grado de mundialización que antes resultaba inimaginable De igual modo, se hace presente la universalización en terrenos como el derecho internacional: mediaciones y arbitrajes, sanciones económicas, políticas y militares, son algunos de los mecanismos utilizados por organizaciones internacionales para obligar a los países a preservar la paz mundial A todo esto se suma, la denominada globalización cultural que responde a una doble lógica, por una parte, a la lógica de una cultura hegemónica: "en todos los lugares se encuentra una misma cultura"; por otra parte, a la lógica del Estado multicultural: "todas las culturas se encuentran en un mismo lugar". Paralelamente y como reacción a este proceso de universalización y emulsión entre culturas, aparecen los rebrotes particularistas y en algunos casos hasta xenófobos. Basándose en la extraordinaria fuerza del nacionalismo y considerando como sagrados algunos rasgos étnicos (lengua, sangre, religión, territorio), varias comunidades reclaman un estatus político de soberanía y ponen en jaque la unidad de los Estados-nación a los que pertenecen.. Guerras tribales arcaicas y sangrientas en Africa, intolerancia y agresividad fundamentalista en Medio Oriente contra las culturas de tradición ético-religiosa diferentes, atentados en Europa occidental de grupos separatistas como el I.R.A en Irlanda o la E.T.A. en España, movilizaciones continuas llevadas a cabo por las minorías sexuales y/o étnicas  buscando el reconocimiento de derechos diferenciados en los países democráticos, etc. Son sólo algunas de las múltiples manifestaciones, a través de las cuales se expresan - a veces con mucha violencia, a veces con enorme creatividad-  los diversos particularismos en contra de un orden universal que se les presenta como hegemónico y devastador de su identidad.
            Es en este contexto en el que las dinámicas de fusión y fisión se desenvuelven vertiginosamente, en el que no existe un orden global pero tampoco un desorden general; alrededor del cual se han instalado inquietantes polémicas. Tal vez una de las más ilustrativas es la que gira en torno a la democracia liberal y su concepción de ciudadanía, según la cual  los individuos, en tanto sujetos racionales y críticos, son quienes poseen derechos inalienables y son capaces de poner en práctica su propio proyecto de vida en el marco de un Estado que debe  ser neutral frente a las distintas concepciones del bien. Para muchos esta  concepción de ciudadanía liberal es sumamente estrecha e  incapaz de dar una respuesta satisfactoria al aumento de las demandas  de reconocimiento que hacen las minorías nacionales y/u otros grupos culturales. De esto, precisamente, da cuenta Ferrán Resquejo Coll en “Democracias liberales y pluralismo nacional” (cap. 7 del libro Las democracias)   cuando nos advierte que "..el desarrollo práctico de buena parte de las democracias liberales ha sido la laminación y la marginación de sus minorías nacionales y culturales internas, sea en nombre de unas versiones pretendidamente universalistas de la "igualdad de ciudadanía", sea en nombre de una "soberanía popular" entendida en términos no pluralistas, o sea, a través de un principio abstracto de "no discriminación" que no considera las características culturales de los ciudadanos" (p 244) La alternativa que propone frente a esto es  reemplazar el liberalismo político tradicional (demasiado centrado en los derechos individuales y en la tolerancia pasiva del pluralismo cultural) por un liberalismo político revisado en los términos sugeridos por el "pluralismo cultural y nacional", más sensible a las demandas de reconocimiento y de autogobierno de las minorías nacionales a través de la regulación de unas garantías constitucionales explícitas.
           En "Democratizar la democracia: conflicto y diferencia" Andrea Greppi (cap. VI del libro Concepciones de la democracia en el pensamiento político contemporáneo)  lleva a cabo un interesante recorrido por aquellas concepciones filosóficas y políticas que son críticas de la democracia liberal y abonan por una "democracia radical", por "democratizar la democracia". En términos generales, lo que los teóricos de la "democracia radical" plantean es que la democracia es diferencia, que la virtud de la democracia no está en el consenso, sino en la apertura y la posibilidad del disenso. Por ello, tanto para Anne Phillips con su "política de la presencia" como para Mansbridge con su "ética del cuidado", democratizar la democracia supone  generar la sensibilidad adecuada para percibir la diversidad, para situarse emocionalmente en el lugar del otro. Para Iris Young de lo que se trata es de propiciar el diálogo democrático a través de la inclusión y afirmación, tanto en la discusión de los asuntos públicos como en el proceso de decisión política, de todos los puntos de vista, de manera que el conocimiento de lo particular sirva como recurso para extender el juicio de todos los conciudadanos obligándolos a ir más allá del límite de su propia perspectiva e interés. Poniendo el acento en el potencial insurreccional y emancipador del discurso, Dryzek considera  que es fundamental sumar a las instituciones representativas de la democracia otros ámbitos de deliberación, pues sólo una democracia no-domesticada puede ofrecer respuestas para el desafío de la diversidad, la crisis ecológica, la transnacionalización económica y la globalización. Chantal Mouffe, por su parte, entiende que es  necesario abandonar el proyecto epistemológico moderno, es decir el universalismo abstracto de la Ilustración que se refiere a una naturaleza humana indiferenciada y del que Habermas, Rawls y la tradiciónn liberal son continuadores, dado que  éste es incapaz de dar respuesta a los múltiples conflictos étnicos, religiosos e identitarios que aquejan a nuestras sociedades contemporáneas. En este sentido, entiende, además, que el único camino viable para resolver dichos conflictos es  aquel que apuesta por  una “democracia radical y plural”,  capaz de multiplicar los espacios en los que los actores sociales tengan la posibilidad de construir su identidad política, a partir de asumir sus diferencias, pero siempre reconociendo en el otro a un adversario y no a un enemigo.
                En Democracia. Léxico de política Greblo, defendiendo la concepción de "la democracia como sistema de diferencias",  muestra las críticas que se hacen a la democracia liberal desde:
                a) La perspectiva de género; la cual cuestiona la separación que entre esfera pública y privada hace el liberalismo, pues la consideran un mecanismo de exclusión con una doble consecuencia: "...por un lado, lo privado, es decir el lugar donde son producidas y reproducidas las diferencias de género, queda excluido de las políticas igualitarias; por el otro, lo público, la esfera del poder masculino resulta escasamente permeable al género y termina por perjudicar a las mujeres imponiendo roles en contraste con los roles domésticos y con la identidad femenina" (p175)  
                b)Los comunitaristas; quienes entienden que el Estado no debe ser neutral frente a las diferentes concepciones del bien tal como proponen los liberales; dado que una auténtica democracia es para ellos aquella  en la que los derechos y los intereses de los individuos pertenecientes a una comunidad tiene lugar sobre la base de una común pertenencia a una tradición, a una determinada forma de vida 
               c)Los multiculturalistas; para quienes, no se trata sólo de respetar los derechos individuales como abogan los liberales o de reconocer los derechos sociales como impulsan los social-demócratas, es fundamental además,  defender los derechos colectivos, es decir aquellos que contemplan el reconocimiento de las diferencias culturales. Para ello, consideran es necesario proteger, incluso a través de eventuales beneficios equilibradores, la integridad de las culturas minoritarias. 
               d)El federalismo; el cual busca, en el marco del Estado-Nación, la presencia de subsistemas dotados de reservas de autonomía en relación con el gobierno central. Esto no implica "... el simple reconocimiento de la diversidad de tradiciones y formas de vida, y tampoco un procedimiento para hacer más funcionales administraciones y gobierno: es sobre todo la participación responsable en la elección de los representantes y en el control de sus decisiones" (p182)
               Profundizando en la cuestión del multiculturalismo, de cómo lograr que en un mundo quepan muchos mundos, Ana María Fernández en "Las diferencias desigualadas. Estrategias biopolíticas de dominio" (cap VII del libro Las lógicas sexuales, amor, política y violencias) nos muestra como el abordaje de este asunto ha dado lugar en el mundo académico a los Estudios Multiculturales, Estudios Poscoloniales, Estudios Deconoloniales, Estudios Queer, etc. Todo los cuales, dan cuenta de la necesidad de : a)en  lo político, reformular el modo liberal y homogéneo de entender la democracia y la ciudadanía b) en lo filosófico, repensar el abordaje que se hace en torno a la diferencia c) en lo epistemológico, de construir conocimientos de manera interdisciplinaria. Para la autora, de lo que se trata es de salir de la concepción del "otro" (es decir, mujeres, homosexuales, etnias, religiones, culturas y países no hegemónicos) como anomalía, como lo negativo de la identidad; pues considera que en el mismo momento en que se distingue la diferencia, se instituye la desigualdad. En este sentido, considera que es fundamental pensar lo multicultural como la multiplicidad  tanto de los dispositivos de poder que dan lugar a la instauración de la desigualdad como de las posibles  líneas de fuga, de estrategias de resistencia a los poderes dominantes.
                    En “Identidades en movimiento” Julieta Piastro (cap. del libro Tolerancia o Barbarie) plantea que en nuestro mundo actual tenemos al menos dos grandes certezas: una epistemológica  "no hay verdades absolutas", y otra ética "es fundamental  respetar las diferencias".  Cuestiona, sin embargo, a la tolerancia como una virtud débil que nos permite sobrevivir a las diferencias, pero que no nos enseña a vivir "con las diferencias". Agrega, además que: "Conceptos como identidad y responsabilidad parecen ampliar el espectro de posibilidades de construcción de una sociedad multicultural, en la que las diferencias dejen de asociarse con las minorías. Para ello es necesario que todos reconozcamos nuestra propia singularidad y logremos construir una identidad que, a sabiendas de las dificultades que tiene un adjetivo así, nos atrevemos a calificar como auténtica" (p 146). Plantea, en este sentido, la necesidad de una educación plural  que sea capaz de reconocer la historicidad de todo presente y la relatividad de nuestras verdades como condiciones necesarias para aprender a dar sentido a la diferencia, es decir que implique algo más que ceder entre iguales un pequeño espacio a aquellos que son diferentes.
             A partir de distinguir el concepto de inmigración ( definiéndolo como el traslado de algunos individuos de un lugar a otro) del de migración (definiéndolo como el desplazamiento de todo un pueblo de un territorio a otro), Umberto Eco plantea en Cinco escritos morales que los fenómenos que Europa intenta hacer frente como casos de inmigración son, en realidad, casos de migración. Por ello, piensa que hacia el Tercer mileno Europa será un continente multirracial, y que si bien esto traerá resultados sangrientos, confía en que los racistas terminen siendo -como pasó en la Civilización Romana- una raza en extinción. Considera, además, que en la raíz de las doctrinas racistas, fundamentalistas e integristas se encuentra la intolerancia, ya que: "..la intolerancia tiene raíces biológicas, se manifiesta entre los animales como territorialidad, se funda en reacciones emotivas a menudo superficiales: no soportamos a los que son diferentes a nosotros, porque tienen la piel de color diferente, porque hablan una lengua que no comprendemos, porque comen ranas, perros, monos, cerdos, ajo, porque se hacen tatuajes..." Entonces, reflexiona Eco, en tanto resultado de pulsiones elementales, la intolerancia no puede ser combatida simplemente con argumentos racionales, incluso las leyes quedan puestas en cuestión frente a lo intolerable inaudito. Por intolerable inaudito entiende aquellos sucesos como el Holocausto provocado por los nazis, en el cual a lo intolerable del genocidio se le sumó como novedad su teorización. Horror frente al cual Eco asume una posición muy contundente y no exenta de polémica en tanto considera que: "Reconocer lo intolerable quiere decir que en Nuremberg todos debían ser condenados a la horca, aunque hubiera habido un solo muerto, y por simple omisión de socorro (...) Pero si yo (dice) empujaba a la gente a la cámara de gas porque me lo mandaban, en realidad creía que los mandaban a desinfectarse. No importa, lo siento, aquí estamos ante la epifanía de lo intolerable, no valen las viejas leyes con sus circunstancias atenuantes te condenaremos también a ti a la horca" (p.139-140)
            Para Isidoro Cisneros en Derecho, democracia y no discriminación hay una diferencia importante entre intolerancia cultural y la intolerancia social, pues mientras la primera plantea la persecución, y donde sea posible, la eliminación del diferente, la segunda representa solamente un rechazo a éste fundado en estigmas que lo desacreditan por sus atributos físicos, sociales o culturales. Agrega, además, que la intolerancia social se ha convertido en un factor determinante para el desarrollo de la discriminación en todas sus formas. Por discriminación entiende un fenómeno por esencia antidemocrático que establece tratos diferenciados, desiguales e incluso hostiles de un grupo en relación con otros grupos o de una mayoría sobre una o más minorías. Ésta presenta una amplia gama de modalidades: directa, indirecta, múltiple, agravada, estructural, jurídica, institucional y racial, las cuales deben ser combatidas a través de "acciones afirmativas", es decir de programas de intervención adoptados por el gobierno para favorecer a los grupos socialmente discriminados o en desventaja.   
            Destacando la contradicción en los Estados liberales entre un marco ideológico que plantea la " igualdad universal" entre los hombres y una práctica de construcción de las identidad nacional negadora de las diferencias, Daniel Feierstein en Tinieblas del crisol de razas advierte que en éstos se implementa el racismo como "mecanismo de constitución del otro". Asi de hecho, nos muestra, sucedió en Argentina, especialmente, en dos oportunidades. La primera, cuando  ésta se constituyó como Estado-Nación, pues en nombre del triunfo definitivo de la civilización por sobre la barbarie, se llevó a cabo un genocidio  (prefigurado por Sarmiento y Mitre, pero realizado definitivamte bajo la presidencia de Roca) de los habitantes originarios de nuestro territorio. La segunda, durante la última dictadura militar, en la que la identidad común de las víctimas del genocidio estuvo dada mucho más que por su identidad política, por la capacidad de éstas para ejercer un alto grado de autonomía en el desarrollo de sus prácticas sociales. Autonomía que hoy en día ya no está tan presente, pues el genocidio ha terminando imponiendo vínculos sociales altamente  heteronomizadas, que llevan a plantear la necesidad de un caudillo que diga que es lo que está bien y lo que está mal, que ponga orden a la sociedad. De allí, una explicación posible a los triunfos electorales de genocidas como Bussi en Tucumán o Aldo Rico en San Miguel.
      Vamos a tomar como hilo conductor de esta parte del dossier los conceptos de inclusión-exclusión (estrechamente vinculados con los de “igualdad-desigualdad” respectivamente) que encontramos en el texto propuesto del sociólogo inglés A. Giddens (“La tercera vía” cap.4) para analizar luego otros temas. Partimos de las definiciones:
      “Inclusión se refiere en su sentido más amplio a la ciudadanía, a los derechos y deberes civiles y políticos que todos los miembros de una sociedad deberían tener, no solo formalmente sino como una realidad de sus vidas. También se refiere a las oportunidades (acceso al trabajo y a la educación fundamentalmente) y a la integración en el espacio público.” (pág.123)
     “La exclusión no se refiere a niveles de desigualdad sino a mecanismos que operan para apartar a grupos de personas de la corriente principal de la sociedad” (pág.125) y podemos agregar que esos mecanismos no son azarosos sino, claro está, resultado de políticas concretas y que se refieren no sólo a mecanismos de exclusión en el ámbito de la economía de un país/región, sino también, y no menos influyente, a mecanismos socio-culturales de exclusión.
        Estos últimos son aquellos que operan de manera “invisible” o, más bien, “invisibilizada” en todos los ámbitos de una sociedad en formas tales como prejuicios, discriminación por diferentes “razones” (étnicas, condición social, género, identidad sexual, nacionalidad, edad, lugar de residencia, etc.) estigmatizaciones, etc. Estos mecanismos invisibles son, sin duda, los más difíciles de remover porque se encuentran naturalizados en una sociedad, incorporados como buenos y verdaderos. Es ahí donde la filosofía tiene un gran trabajo por hacer, poner el ojo, la pregunta y la crítica allí es uno de los papeles primordiales que podemos asumir para poder de-velar como cultural y aprendido aquellos que se pretende pasar por natural e innato; como forma de repensarnos individual y socialmente. Des-hacer, de-construir cuando sea necesario para volver a hacer y construir sobre otras bases.
          Anthony Giddens se detiene a describir diferentes formas de intervención estatal y cómo cada una influye en el proceso de inclusión-exclusión. Pasando por una breve caracterización de la socialdemocracia y del neoliberalismo se detiene en lo que se denominó “Estado de Bienestar” para, desde una mirada crítica del mismo, sumar una propuesta, la Tercera Vía, que es la del Estado Social Inversor, una nueva forma de encausar las decisiones gubernamentales hacia la igualdad (sociedad de bienestar positivo).
           Dicha propuesta prioriza políticas que fomenten: el trabajo, la capacitación laboral  para combatir el desempleo y aportar a la igualdad de oportunidades, la educación pública, la seguridad social, un servicio sanitario sólido , la asistencia al adulto mayor, el desarrollo de una ética empresarial responsable, estimular el compromiso social dentro de la comunidad para fortalecer lazos, generar inclusión y participación, la reducción de la contaminación y políticas de protección ambiental, entre otras cuestiones vinculadas a los derechos sociales y al desarrollo personal y atravesadas por la idea de romper con los círculos de generación de pobreza (exclusión, desigualdad). “ El bienestar no es en esencia un concepto económico, sino psíquico, que atañe, como lo hace, al estar-bien...las instituciones del bienestar deben ocuparse de promover mejoras psicológicas a la vez que económicas”.(pág ). 139)
         Los autores Alejandro Islas y Daniel Míguez tratan en ambos textos propuestos en el manual el tema de la violencia. Sin duda que podemos seguir el hilo conductor del que partimos (inclusión-exclusión) ya que podemos considerar este tema como uno de los  fenómenos emergente de esta tensión.
           Los autores realizan un recorte del tema y analizan una de las formas en las que se manifiesta la violencia: la delictiva o transgresión normativa. Dejando de lado de este modo otras formas, menos visibles socialmente, como puede ser la violencia de género o la tortura (“apremios ilegales”), o la discriminación en sus diferentes formas y ámbitos.
          El análisis parte de la idea de que, en nuestro país, el incremento de la violencia delictiva se relaciona con el aumento del desempleo, el empobrecimiento y su consecuente marginación de un amplio sector de la sociedad (exclusión) como resultado de la implementación de políticas socio- económicas (desde los años 70' y agravado en los 90'). Se suman a estas políticas las transgresiones al interior de las instituciones del estado (el sistema carcelario, la policía, el sistema judicial, por ejemplo) y la degradación de los lazos sociales con procesos como la pérdida de legitimidad de los partidos políticos, sindicatos, organizaciones sociales, etc.,dando lugar a una seria fragmentación social que perjudica las formas de sociabilidad y favorece el surgimiento de la violencia.
           Resulta esclarecedor y sumamente vinculado con nuestra actualidad un concepto en el que los autores se detienen especialmente: el de “pánico moral” en el contexto del incremento de la violencia delictiva en una sociedad. Esta noción se refiere a los estados de conciencia colectiva durante procesos de transformación social, como un fenómeno  construido por sectores interesados en manipular a la sociedad, magnificando los riesgos y el miedo en la población y alimentando la demanda de políticas represivas (“mano dura”, baja en la edad de imputabilidad, más cárceles, etc.),  la proliferación de los discursos sobre la “seguridad” y el pánico social. Todo esto, por supuesto, invisibilizando las causas socio económicas (flexibilización laboral, precarización del empleo, por ejemplo) y a sus responsables políticos y colocando en el foco del problema a “individuos que se dedicarían por su propia opción y perversión al robo a mano armada, asaltos a bancos, a comercios ...al mismo tiempo estigmatizando ciertos espacios urbanos, como a las villas o barrios de monoblocks, definiéndolos como contaminentes y cargados de violencia” (pág. 9). 
           Sin embargo, estos discursos que se pretenden imponer desde los medios hegemónicos, desde algunos sectores políticos y desde las fuerzas policiales mismas, no es tomado por toda la sociedad de manera ingenua y acrítica. Para algunos sectores resulta evidente la connivencia de dichos actores en lo mismo que pretenden denunciar y de lo tergiversado e interesado de la información que transmiten.
           Esta salvedad nos permite agregar al análisis lo que el texto “Violencia delictiva...”de los mismos autores nos aporta. Allí comienzan poniendo el énfasis en la huella cultural autoritaria que dejaron las sucesivas dictaduras militares argentinas (sobre todo la última de 1976 a 1983) en las fuerzas de seguridad  y su consecuente naturalización de la tortura, del sistemático abuso de la fuerza con el acompañamiento de la estigmatización social de la pobreza, de los inmigrantes y marginados. La función del Estado aparece por acción en estos caso y por omisión o como entidad ausente responsable de regular los conflictos y establecer las normas básicas de convivencia.
            La política económica agudizada en los 90' generaron desempleo de manera endémica y estructural donde los sectores sociales más afectados (los con menores grados de escolarización) quedaron en un estado de inestabilidad laboral permanente. “Estas transformaciones del mundo laboral impactaron sobre la subjetividad y las relaciones sociales del ámbito privado, en una sociedad en la que la integración social por medio del salario había ocupado un lugar significativo...la relación entre identidad y trabajo cambió significativamente”. (pág..26)
           Se produjo una enorme cantidad de jóvenes que no conocieron la estabilidad laboral y que por lo tanto ven desdibujada la relación del trabajo con las posibilidades de ascenso social, además de una estructura familiar también difusa en términos de autoridad parental y estabilidad del núcleo familiar. “La relación entre desempleo y delito esta mediada por un proceso de degradación valorativa”. (pág.26)...”llega a que el trabajo se transforme en un recurso de obtención de ingresos más entre otros: el pedido en la vía pública, el apriete, el peaje y el robo”.(pág.28)
          Otro proceso que media en la transformación de la subjetividad y los sistemas de relaciones sociales es la desnaturalización de la educación como caminos de transición hacia la adultez, deja de vislumbrarse a la escuela como camino de ascenso y oportunidad. Por último cabe mencionar cómo, en el ámbito urbano, las zonas donde se concentra pobreza, desempleo, relaciones sociales conflictivas, delitos, violencia,etc. no son producto del azar sino de procesos históricos, económicos y políticos como los vividos en nuestro país desde los años 70' en adelante.
          Por supuesto que este tema no se agota aquí, podemos relacionarlo y entrecruzarlo con otros del mismo eje como puede ser el tema de la discriminación, o abordarlo desde una perspectiva de género ya que las mujeres son, dentro de los sectores pauperizados/marginados/excluídos, uno de los más afectados por ser violentadas, por la situación estructural y, a nivel de la vida privada, como víctimas de violencia familiar, ya que el varón al no poder cumplir su tradicional rol de proveedor (de acuerdo a la ideología machista  hegemónica), traduce muchas veces su impotencia y desvalorización en violencia hacia la mujer, hacia los hijos y las hijas.
          Para comprender las problemáticas que giran en torno al tema de géneros vamos a tomar como base a las autoras Susana Gamba, Ana María Fernández, Chusa Lamarca Lapuente y al autor Eduardo Mattio, pero sin perder de vista que precisamente, al ser un punto en el cual nos colocamos para pensar y analizar, es plausible hacerlo para cualquiera de los temas/problemas propuestos en el manual  ya que atraviesa de modo transversal toda la realidad.
             Como punto de partida vamos a definir el concepto de “género” como una categoría social: “Lo femenino y lo masculino se conforman a partir de una relación mutua, cultural e histórica. El género es una categoría transdisciplinar, que desarrolla un enfoque globalizador y remite a los rasgos y funciones psicológicas y socioculturales que se le atribuye a cada uno de los sexos en cada momento histórico y en cada sociedad. Las elaboraciones histórica de los géneros son sistemas de poder, con un discurso hegemónico y pueden dar cuenta de la existencia de los conflictos sociales”.(Susana Gamba “Qué es la perspectiva de género...”).
            Esta mirada rompe con la idea del carácter natural de las relaciones entre femenino y masculino y la distingue de los sexos (lo anatómico-fisiológico) refiriendo a la condición cultural de dicha relación , de qué manera cada cultura, en diferentes tiempos y lugares, considera a lo femenino y a lo masculino y a la relación entre ambos. Es decir, a ser “hombre” o a ser “mujer” se aprende, nos enseñan de maneras explícitas e implícitas. Son roles, identidades y valores atribuidos e internalizados por los procesos de socialización (familia, escuela, sociedad). El sexo no determina el género.
            Si bien esta perspectiva no es sinónimo de “estudios de lo femenino”, son las mujeres las que iniciaron este camino porque fueron ellas las “excluídas” del sistema, las que se encontraron en situación de desigualdad en todos los ámbitos de la sociedad. Una vez más podemos entrelazar el tema con los conceptos de “inclusión-exclusión” de Giddens definidos más arriba.
            La lucha por la equidad de género no promueve un trato igual –lo que implicaría una solución simplista para problemas complejos– sino un trato igualitario, es decir, atento a las necesidades diferentes de cada género. La idea central es considerarlos equivalentes en términos de libertades, derechos, garantías, beneficios, obligaciones y oportunidades.
             Es por esto que hizo falta que las mujeres tomen las riendas de su historia y sus vidas y comenzaron a pensar y pensarse como no determinadas a cumplir un rol asignado socialmente (determinadas “biológicamente” a la reproducción, a la crianza de la prole, al trabajo doméstico no remunerado) que las mantenía sometidas y excluídas de la vida social y de la participación pública, y accionar en pos de una transformación de esa situación. Este sometimiento y este rol fueron asignados por un sistema (el patriarcal) con el cual quisieron romper.
              Resulta fundamental en este proceso inicial (ver el texto de Eduardo Mattio “¿Quién es el otro?”) el aporte de filósofas como la francesa Simone de Beauvoir: “No se nace mujer, se llega a serlo. Ningún destino biológico, psíquico o económico define la figura que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana; es el conjunto de la civilización el que elabora ese producto intermedio entre el macho y el castrado al que se califica de femenino. Únicamente la mediación de otro puede constituir a un individuo como un Otro”. “Él es el sujeto, él es lo Absoluto; ella es lo Otro”.”Una situación que se ha creado a través del tiempo puede deshacerse en otro tiempo...la Naturaleza, lo mismo que la realidad histórica no es un dato inmutable”. (citas del autor tomadas de “El segundo sexo” de De Beauvoir).
         O, con una mirada diferente sobre lo mismo, la belga Luce Irigaray nos dice: “En lugar de rechazar el ser el otro género, el otro sexo, lo que pido es ser considerada como realmente una otra, irreductible al sujeto masculino...Para salir de este modelo todopoderoso de lo uno y de lo múltiple, debemos pasar al dos...dos que son verdaderamente diferentes...constituye así un gesto filosófico y político decisivo...donde el otro es reconocido como otro y como lo mismo: más grande o más pequeño que yo, o mejor, igual a mi” (citas del autor tomadas de “La cuestión del otro” de Irigaray).
         Para conocer y realizar un repaso histórico del movimiento feminista como proceso emancipador sugerimos la lectura del texto propuesto de Susana Gamba “Feminismo: historia y corrientes”. Allí encontraremos un necesario recorrido por las diferentes etapas y líneas de pensamiento y de acción dentro del feminismo con sus variantes por países, por períodos históricos y por la complejidad que encierra. Todos intentos por generar condiciones de inclusión e igualdad, de transformar desde las ideas y la acción un sistema  de dominación masculina. Todos relacionados con la pregunta de este eje del programa: podemos ¿con-vivir en el conflicto? y agregamos ¿y en la diferencia?.
        Como mencionamos más arriba, vamos vislumbrando cómo se entrecruzan los temas de este eje y una contribución en este sentido es el texto “Las lógicas sexuales...” de Ana María Fernández donde el tema de la violencia (ya en su sentido más amplio al de los autores Islas y Míguez), del género y de la discriminación (exclusión/desigualdad) se hayan ligados íntimamente.
          En este recorrido del movimiento feminista se encuentra omnipresente el tema de la violencia “invisibilizada”, naturalizada y reproducida en todos los ámbitos de la sociedad: la pareja, la familia, el trabajo, la escuela, los medios de comunicación, las políticas públicas, las  leyes, el acceso a la justicia, la cultura, la política, la práctica médica, etc.  “Sólo se victimiza a aquel colectivo que es percibido como inferior; de este modo se legitiman todos los actos de discriminación” (pág. 33)...”Cuando se victimiza a una persona o grupo social, su inferiorización crea condiciones para alguna expropiación de bienes y derechos no sólo materiales, sino también
ciudadanos, simbólicos y/o eróticos” (pág.35) Esto puede pensarse, claro está, en relación a muchos y diferentes grupos sociales además de la mujer, por ejemplo, los inmigrantes, los pueblos originarios, los discapacitados, los adultos mayores,etc.
        La reproducción de los discursos del sistema de dominación que legitiman la desigualdad/discriminación tienen una característica fundamental y es que son, la mayoría de las veces, internalizados y naturalizado por los propios grupos sociales perjudicados y estigmatizados. Es aquí donde podemos introducir la referencia que la autora hace al filósofo francés Michel Foucault con respecto a las formas que toman las eficacias de los dispositivos de poder: de dominación, de explotación, de sujeción. “...Se les impone la arbitrariedad cultural de su inferioridad mediante múltiples discursos, mitos sociales, explicaciones religiosas y científicas”(pág. 39).
          La producción de consenso se logra a través de la hegemonía en el plano cultural y simbólico. Ambas caras son inseparables para legitimar la autoridad. La autora nos habla de una “doble apropiación”: de los bienes que producen los grupos sometidos y de sus potencias como grupo social (económicas, simbólicas, sentimentales y eróticas) para producir esos bienes. Garantizando así la desigualdad de oportunidades y, a la vez, naturalizándola.
El rol de los medios masivos de comunicación como máquinas sumamente eficaces de producción de subjetividad cumplen aquí un papel fundamental en la reproducción del modelo hegemónico.
          La autora hace la salvedad que existen estudios sobre la masculinidad o la condición masculina donde se analiza críticamente el mandato cultural asignado al varón:  proveedor, conquistador erótico,  exitoso,etc. y cómo ello los somete y afecta en sus  posibilidades de autorealización. Ahora bien, “en tanto queda invisibilizada la dimensión de poder, es decir, mientras no se analiza la participación activa-aunque muchas veces involuntaria- en los dispositivos de desigualación/dominación de mujeres, corren el riesgo de mantener la reproducción de las impunidades de género (visibles y/o invisibles) en la construcción de las nuevas masculinidades” (pág.47). Entonces, para la ganancia de libertades de ambos géneros debemos realizar procesos diferentes: construcción de autonomía en el caso de las mujeres y deconstrucción de dominio de parte de los varones. “Es el momento de que las mujeres puedan abandonar ese patético encanto por el margen...Si ambos buscan acrecentar su potencia de sí y no el dominio del otro, en sus paridades políticas ampliarán sus libertades”(pág.50).
           Como eslabón para pasar al siguiente tema vamos a tomar el texto “Mundo global ¿guerra global?” de Chusa Lamarca Lapuente que enlaza el tema de género con el de globalización. Junto a ella iremos sumando las voces de otros autores propuestos en el manual: Ricardo Gómez, Sami Nair, Adolfo Pérez Esquivel y Giovanni Sartori.
            Algunas definiciones del texto::
-        La globalización no es ni más ni menos que la extensión del capitalismo a escala global. Es la creación de un espacio mundial de intercambio económico, productivo, financiero, tecnológico, ideológico y cultural. ...Se entiende de manera engañosa si no se vincula a procesos de dominación y apropiación...el único objetivo de la globalización es la obtención de más y mayor beneficio económico.
-        Es un sistema económicamente injusto, socialmente depredador y ecológicamente inviable. Ahonda las desigualdades: sociales, económicas, de acceso a los recursos, culturales y de género, y tiene graves repercusiones sobre el medio ambiente (explotación de bosques, de recursos pesqueros, uso de cultivos agroquímicos, incremento en el uso de energía, en la emisión de gases contaminantes,etc). Tiene como consecuencia el cambio climático, la disminución de la capa de ozono, el agotamiento de los recursos, la pérdida de biodiversidad y la contaminación. (este punto se puede relacionar con el último tema: ecología)
-        El capital es el que decide y rige las políticas de acuerdo a la rentabilidad pero encarnado en las transnacionales que toman las decisiones y los Estados Nacionales deben acatar.
-        Las transnacionales funcionan de forma antidemocrática pues los derechos sociales y humanos y los derechos de las mujeres se socavan en el ámbito de la empresa; allí las libertades individuales y colectivas desaparecen de hecho y de derecho.
-        El capitalismo no pretende satisfacer necesidades, sino crearlas para que exista un creciente mercado de consumidores y un aumento constante del nivel de consumo.
          La globalización genera, necesita y se sostiene sobre la desigualdad de clases, no existe un primer  mundo sin el tercero (periférico) que lo alimente. A su vez acrecienta la desigualdad de géneros. Las mujeres chocan con barreras en todos los escalones sociales: familia, escuela, empleos. Esto sucede incluso en las clases altas, es lo que se  llama “techo de cristal”.  En este marco la mayoría de la población femenina queda en la periferia de la periferia.
           Las políticas regidas por la lógica del mercado las coloca en situación de desigualdad aún más acentuada (además de la clase, el género y a esto puede sumarse la etnia, la nacionalidad, por ejemplo). La privatización de los servicios públicos y la seguridad social (o su precarización/ vaciamiento) deja a las mujeres sin protección y a su responsabilidad vinculada con la salud y la educación de la familia se agrega la necesidad de salir a buscar el sustento. La combinación de todas estas tareas más el hecho de ser las destinatarias de los empleos más precarios y peor pagos, acrecentó la pobreza femenina (conforman el 70% a nivel mundial de las personas que viven en la pobreza).  
       “...Las mujeres no descansan en el espacio privado (como sí lo hace el varón), allí continúa su tarea diaria dedicándose al cuidado y atención de los otros. Las mujeres parecen no tener momentos de privacidad, su espacio privado no existe en el domicilio familia”. El reconocimiento del trabajo doméstico como “trabajo” es aún una cuenta pendiente en nuestras sociedades. El trabajo no remunerado que realizan las mujeres en sus hogares, encargadas del cuidado, la alimentación, la contención afectiva, la asistencia a los enfermos de la familia, no se considera como un esfuerzo sino como algo naturalmente dado. Estos roles/mandatos, en la mayoría de los casos, asumidos desde el amor y muchas otras desde el deber, implican un esfuerzo y un tiempo que la mujer dedica a los demás y que deja de invertir en sí misma y en su realización como persona. “Sin la mujer cumpliendo “su” papel en la esfera doméstica, los varones no podrían entrar  en el ámbito público, ni serían posibles la producción y el mercado capitalista” (pág. 46)
        La autora culmina con una propuesta: ...”hay que cambiar radicalmente la competitividad por la cooperación y establecer unas relaciones económicas, sociales y humanas basadas en el respeto a los otros seres humanos, en la equidad de género y en la consideración de la base biológica que nos sustenta”. (pág.50)
       Nos detendremos ahora en la caracterización de la globalización según los demás autores ya mencionados:
-        Reducción drástica del Estado
-        Privatizaciones de las empresas del Estado
-        Desregulación de los mercados internos
-        Contracción del gasto público social
-        Eliminación de barreras para el comercio (mercado mundial)
-        Apertura de los mercados internos a las corporaciones transnacionales
-        El trabajo reducido a mercancía = desprotección de los/as trabajadores/as
-        Imposición de la política económica neoliberal a cada vez más áreas en el mundo
-        El Estado concebido exclusivamente como un sector de servicios para la burguesía y los demás privilegiados = sin rasgos democráticos
-        Las decisiones políticas que afectan a los Estados Nacionales son tomadas por las organizaciones internacionales como el FMI y el Banco Mundial en términos de intereses o ventajas globales = se profundizan las relaciones de dependencia
-        El problema de la pobreza de los países dependientes se pretende resolver con ajuste = flexibilización del trabajo, reforma del sistema de seguridad social,privatización de los servicios públicos, la salud y la educación
           “El proceso de globalización aumenta la polarización entre ricos y pobres, profundiza el desarrollo desigual generando un enorme crecimiento de la masa de excluídos (recordar a Gidenns) que incluye el aumento de población marginal en los países centrales”. (pág.98 de R.Gómez “Neoliberalismo globalizado”)
             Aquí podemos relacionar este tema con otro de los propuestos dentro de este eje, el de los movimientos migratorios y el desafío de la convivnecia en la diferencia. El empobrecimiento de los países y la búsqueda de trabajo y mejores condiciones de vida de sus habitantes, genera que grandes porciones de la población migren hacia otros países.(ver Julieta Piastro, Umbero Eco, por ejemplo).
          El autor Sami Nair pone el acento en el papel de los Estados Unidos como el país que domina el mundo a través de organizaciones internacionales como el FMI y el Banco Mundial. Además a través del dólar, del sistema tecnológico, de las fuentes de petróleo y siendo la única potencia que tiene capacidad de proyección militar a escala planetaria. Asimismo resalta el papel de los medios de comunicación para fabricar ideología y legitimar el  pensamiento único y hegemónico.
          Adolfo Pérez Esquivel reafirma lo que ya mencionamos sobre el papel de las transnacionales como condicionantes de los Estados Nacionales tanto a nivel económico, como político, militar y cultural, generando dominación en cada uno de los mismos. Nos deja un mensaje de salida a esta situación con una cita de los indígenas colombianos: “La palabra sin acción es vacía. La palabra con acción, pero sin la comunidad, es la muerte”. Es el uso de la fuerza social, de la participación y el compromiso con la comunidad lo que nos puede llevar a un camino de superación.
         Giovanni Sartori nos conecta con el último tema que vamos a tratar aquí, el de la ecología. Una vez más es Estados Unidos el país mencionado ya que es el más avanzado económica y tecnológicamente, el que consume más petróleo y más de todo. Es el que produce más daño a la contaminación atmosférica.
       Otra variable a tener en cuenta es la explosión demográfica que, no sólo produce contaminación, sino también pobreza. El sistema económico centrado en el consumo genera una maquinaria contaminante, encerrada en el círculo de producción para el consumo y el consumo para alcanzar mayor producción y desarrollo.
            Por último Sartori resalta el papel de los medios de comunicación en la vida de lo que él denomina homo videns, esos sujetos manipulables que dependen de lo que le da la televisión y que “no sólo no entiende ya a la sociedad en la que vive, sino que es un pésimo ciudadano. De hecho, se desinteresa cada vez más por la política...En democracia siempre se habla de la voz del pueblo, pero
la voz del pueblo es un reflejo de la voz de los medios de comunicación.”(págs.312 y 313)  Este punto se puede vincular con los textos del eje nº2 que abordan el tema del poder de los medios de comunicación como modo de relación de las personas con el mundo (Vattimo, Bourdieau).
Según podemos ver en “Anticapitalismo para Principiantes” de Ezequiel Adamovsky (Manual para EGB3) existen en todo el mundo una amplia diversidad de movimientos, organizaciones sociales/políticas que se enfrentan con pensamiento y acción al sistema capitalista globalizado desde diferentes ángulos problemáticos: la causa de los pueblos originarios que desde una reivindicación inicialmente indígena, luchan por su autonomía y proponen “crear un mundo donde quepan muchos mundos”(Ejército Zapatista de Liberación Nacional), las mujeres por la equidad, los/as desocupados excluídos del sistema por empleo y recuperación de la dignidad, ecologistas por el desarrollo sustentable, migrantes por la igualdad, comunicadores  por la libertad de información y en contra de los monopolio de los medios de comunicación, etc.
            Toda esta descripción macro que proponemos a través de esta serie de textos pretende aportar elementos de análisis para pensar y problematizar el tema de este eje. Como vemos, el tema de la globalización se vincula con muchos otros que influyen y afectan nuestra cotidianidad, nuestra convivencia, nuestra construcción de identidad tanto individual como colectiva, y que muchas veces perdemos de vista, o más bien, nos hacen perder de vista. Todos temas disparadores de preguntas y susceptibles de ser problematizados.
             Llegando al último eslabón de nuestra cadena en esta parte del dossier, repasaremos lo que aporta el planteo de Edgar Morin en el texto “Tierra Patria”. Además de algunas cuestiones ya mencionadas arriba y de un interesante recorrido histórico sobre la influencia devastadora de la idea moderna de progreso. El autor se detiene en, lo que denomina, idea madre: el desarrollo. Menciona dos aspectos de esta idea: por un lado el  mito que indica que la industrialización lleva al bienestar de una sociedad, que reduce las desigualdades y facilita la felicidad de los individuos que la componen. Por otro, la concepción reduccionista que sostiene que el crecimiento económico es el motor necesario y suficiente de todos los desarrollos sociales, psíquicos y morales, ignorando los problemas humanos de la identidad, de la comunidad, de la solidaridad, de la cultura, entre otros. “La mejor de las culturas indígenas desaparece en beneficio de lo peor de la civilización occidental” (pág.89). Utiliza, en relación a esto, una clasificación  interesante, la de racionalización occidentalocéntrica. El desarrollo tiene efectos devastadores sobre la cultura de la comunidad y sobre su entorno natural de vida. El desarrollo tecnoindustrial es visto como una amenaza, ambiental y cultural (aspectos inseparables) a nivel comunitario y planetario. Al  referirse al malestar de la civilización Morin nos contrapone el mito del desarrollo, con sus efectos reales: elevación del nivel de vida/degradación de la calidad de vida, multiplicación de los medios de comunicación/empobrecimiento de las relaciones interpersonales, individuo autónomo/atomizado, soberano de las máquinas/manipulado por las mismas.  Desde el interior de la civilización la amenaza es la propia incertidumbre generada, esta se traduce en múltiples enfermedades psicosomáticas, físicas y mentales y en las múltiples formas de la adicción.
         En este contexto de malestar surgen diferentes formas de resistencia: una conciencia ecológica en búsqueda de lo “natural”, por ejemplo en la alimentación, el uso del tiempo libre, la vestimenta, la decoración, etc.  El amor transformado en dios salvador, eros se expresa con todos sus sentidos, nace en todas partes, la familia, los amigos, atravesando edades, grupos sociales, géneros,etc. La asimilación de las culturas occidentales con su mensaje de concordia entre el alma y el cuerpo (yoga, filosofía zen, la medicina china, el feng shui, etc.).
          La ciencia, la civilización tecnocientífica tiene a la vez entre sus frutos, el bien y el mal.“Hoy el mito del progreso se hunde, el desarrollo está enfermo; todas las amenazas para el conjunto de la humanidad tienen al menos una de sus causas en el desarrollo de las ciencias y las técnicas (amenaza de las armas aniquiladoras, amenazas ecológicas sobre la biosfera, amenaza de explotación demográfica)”. (pág.104) El autor sostiene que hay una impotencia política de salir de este modelo de progreso/ desarrollo para reemplazarlo por otro que encare el destino humano hacia un mejor rumbo. “Tenemos que liberarnos del paradigma pseudorracional del Homo sapiens faber según el cual ciencia y técnica asumen y llevan a cabo el desarrollo humano”.(pág.106) Ante la pregunta por la salida posible de esta agónica crisis, el autor propone poner el freno, detenernos y tomar conciencia de la amenaza que tenemos delante para poder regular, controlar y prepararnos para transformar el futuro. La toma de conciencia como freno a la autodestrucción. “La agonía de muerte/nacimiento es quizás la vía, infinitamente riesgosa, hacia la metamorfosis general...Con la condición de que se tome conciencia, precisamente, de esa agonía”. (pág. 113).

Eje 2: ¿Quién tiene razón?

La razón siempre ha sido uno de los temas centrales de la historia de la reflexión filosófica. Dar respuesta a qué sea aquello que nos distingue como seres humanos, que nos permite pensar y pensarnos, tener conciencia de nuestra vida y de la finitud de la misma, constituye una necesidad primordialmente humana. También reflexionamos acerca de la razón cuando buscamos comprendernos como personas comunicadas y en constante relación, es decir, cuando consideramos las relaciones entre lenguaje y pensamiento. Pensar sobre nuestro pensamiento en sus distintos aspectos es lo que buscan la gnoseología, la epistemología y las teorías del lenguaje, y esta búsqueda se ve atravesada por problemas propios de la metafísica.
Pensar en la identidad y en la diversidad, en un yo en relación con un otro, es también  reflexionar sobre las posibilidades que ofrece el pensamiento como una aventura atravesada por la pluralidad de posiciones, la posibilidad de diálogo y expresión, de acuerdo y desacuerdo, de verdad o de verdades.
         Este eje se presenta con un texto de Fernando Savater en el que se plantean como cuestiones fundamentales qué es lo que entendemos por razón, cómo llegamos a conocer lo que no conocemos y cuál es la diferencia entre usar la razón y ser razonables. Este último interrogante nos remite específicamente al doble sentido de la pregunta “¿quién tiene razón?”, ya que la propuesta del texto es que la verdad debe ser siempre un resultado y no un punto de partida. Constantemente estamos llenos de preguntas y estas preguntas nunca pueden nacer de la pura ignorancia. De modo que para encontrar respuestas, o al menos para entender mejor lo que preguntamos, debemos someter a examen los conocimientos que ya creemos tener. Según Savater, usar la razón es el ejercicio de someter nuestras creencias y conocimientos a examen crítico, compararlos con otros conocimientos, debatirlos con otras personas. Estas son las formas que tenemos de buscar argumentos para refutar o validar lo que podemos conocer. De modo que la razón es este singular ejercicio que acepta y descarta opciones, vincula conocimientos e inserta la armonía intersubjetiva de diversos puntos de vista, ya que si una creencia se apoya en argumentos racionales, éstos no pueden ser racionales sólo para mí. Lo característico de  la razón es que nunca es exclusivamente mi razón. Es esto, precisamente, lo que la reviste de universalidad. Nos dice el autor: “Frente a tantos vehículos privados, (…) la razón es un servicio público intelectual: un ómnibus”. Esta posibilidad de dialogismo entre las razones particulares no puede carecer de implicancias en el ámbito de lo político-social. Razonar es siempre una actividad dialogada, que se inventa al comunicarse y confrontarse con el otro: es siempre una conversación. El autor propone que sólo se conversa entre iguales, y para que todos los ciudadanos puedan ser políticamente iguales, resulta necesario que sus opiniones no lo sean.
         En el manual para el nivel I encontramos además un texto de Michel Onfray, donde se ofrece una contrapropuesta a la idea de “ser razonables”. Ser razonables, según Onfray, consiste en usar la razón como los otros, que son, según pensemos como ellos o no, quienes juzgarán si nosotros somos razonables. Esto equivaldría a rendirse a los argumentos de autoridad. De esta manera, la razón actúa como un instrumento de integración social y de autodominio, ya que exige la supresión de los impulsos y deseos individuales, convirtiéndose en un instrumento normativo  que reemplaza el movimiento impulsivo por la sumisión cultural. Aún así, nos advierte, su uso no garantiza la obtención de pensamientos “correctos”, sino que presenta la ambigüedad de ser productora a su vez de las más terribles y destructivas “ideas-programa”.
            Así presentada la problemática, la propuesta filosófica se abre con las concepciones antiguas, clásicas y modernas de la razón.
          En primer lugar nos encontramos con Protágoras y la idea del Homo Mensura, es decir, la concepción del hombre como medida de todas las cosas. Esto implica la validez de una  multiplicidad de posturas y, vale decir, la introducción del relativismo. El conocimiento se plantea como un constructo de la subjetividad de cada individuo, dueño de su propio criterio de verdad. De manera que todas las opiniones son verdaderas y la verdad es relativa. Sin embargo, admitiendo que la “virtud” puede enseñarse y aprenderse, para Protágoras hay opiniones que se sustentan en el  conocimiento específico de aquello sobre lo que se emite la opinión.
         En segundo lugar nos encontramos con Platón, quien se opone con su concepción del pensamiento y el conocimiento, al relativismo de Protágoras. En su conocida Alegoría de la caverna distingue a los hombres según estén esclarecidos, o no, por el conocimiento verdadero. Se trata de una presentación alegórica de su planteo gnoseológico y, en forma paralela y sustantiva, de una ontología del conocimiento. Nos presenta la imagen de una caverna habitada por individuos que, maniatados y sujetos en la penumbra, sólo conocen y tienen por real las sombras de objetos que ven desfilar. Al momento que uno de ellos logra -o decide- liberarse y transitar el complicado camino hacia el exterior, recién entonces puede “entender” a la luz de la realidad, que lo que tenía por real no lo era. El relato concluye con el retorno de este hombre a las profundidades, en un intento de transmitir a sus antiguos compañeros la verdad recién descubierta. Estamos ante la concepción idealista platónica en su esplendor: mientras que las ideas constituyen lo real y se corresponden, gnoseológicamente, con el conocimiento filosófico (grado máximo de conocimiento),  lo que encontramos cotidianamente en el mundo físico o sensorial es apenas una copia de ellas. De dichas copias -sombras o reflejos- sólo podemos constituirnos creencias.
           Ya en la Modernidad, la duda cartesiana nos lleva a repensar todo lo que teníamos como conocimientos seguros. Aplicando el método deductivo a la filosofía y basándose en un sistema de preceptos claros, Descartes pretende conseguir una ciencia tan exacta y perfecta como las matemáticas. Con la intención de buscar fundamentos que nos permitan acceder a conocimientos ciertos, comienza un recorrido metódico empleando la duda como herramienta para examinar los distintos tipos de saberes. Como culminación de su itinerario, Descartes arriba a la intuición de un primer principio que le sirve como piedra fundante del nuevo edificio del conocimiento. Y es esto lo que consigue al intuir su Cogito, un conocimiento tan claro y distinto que no puede no tenerse por cierto. El hombre es esencialmente una cosa que piensa, una sustancia pensante; pero además posee un cuerpo, por lo que también es una sustancia extensa. La comunicación entre estas dos sustancias heterogéneas, así como la posibilidad de escaparnos del solipsismo, son garantizadas por la existencia de Dios. Nos encontramos ante la idea moderna de Razón, autosuficiente y universal. Sólo a través de ella alcanzamos el verdadero conocimiento: es una razón instrumental y liberadora.
          En el pensamiento de Hume nos encontramos con una posición opuesta a la cartesiana. A partir de su crítica a la idea de causalidad, analiza cuál es el verdadero alcance de la razón. Considerando que todo conocimiento parte de la experiencia, postula que lo único que nos lleva a concebir que entre un objeto y otro exista una relación causal es el hábito. Este actúa sobre la imaginación, que es la responsable de que podamos razonar sobre causas y efectos, así como de la creencia en la existencia continua de la materia, aún cuando ésta no sea presente –en la experiencia inmediata- sino sólo en nuestra memoria. Según Hume, nada es buscado con más interés por la mente que las causas de todo fenómeno, como si estos principios se hallaran en los objetos mismos, lo que constituiría una contradicción o un sinsentido. Lo que cabe, nos dice, es elegir entre una razón falsa o ninguna razón en absoluto.
          Dentro del ámbito político-social de la Modernidad, Spinoza plantea que en un Estado libre cada individuo debe tener derecho a manifestarse según su opinión. Tomando la teoría moderna del contrato social, sostiene que a pesar de aceptar el pacto que nos constituye como sociedad, nadie puede transferir a otro, ni siquiera a quienes ejercen como autoridades legítimas, su derecho natural o facultad de razonar libremente y de expresar lo que pensamos. Cada individuo renuncia al derecho de actuar por decisión autónoma, pero no al de pensar y juzgar. Nadie puede controlar lo que el otro piensa, por lo que cualquier prescripción al respecto resulta irracional. El fin del Estado debe ser la libertad, de modo que cualquier intento de suprimir, además, la libre expresión del pensamiento, resulta pernicioso para el Estado mismo. Siempre que no se confunda la libertad de razonar y expresar nuestros pensamientos con el derecho de actuar autodeterminadamente, no puede existir riesgo alguno para el Estado.
          A esto mismo se refiere Kant cuando plantea que el mejor de los Estados es el que favorece esta libertad y comprende que no hay peligro en el libre uso público de la razón ni en la apertura a la exposición de pensamientos. Nos insta a tener el valor de usar nuestra propia razón. Para la Ilustración, el dejarse pensar por el otro -aunque este otro sea una institución, una autoridad- constituye una incapacidad que no se origina en la falta de inteligencia sino en la cobardía, la pereza y la no determinación de hacerlo por cuenta propia. Usar la propia razón es el derecho –y la obligación- más fundamental del hombre. Kant propone que si se procura la libertad de hacerlo, su uso termina siendo, incluso, inevitable. Este es el único requerimiento de la razón: la libertad, y más específicamente, la libertad en su uso público. Este concepto se complementa con el uso privado de la razón. Sólo en este caso, nos advierte, hay que obedecer más que razonar.
El uso privado de la razón, con su cierto automatismo y pasividad, no impide el desarrollo libre y progresivo del uso público, es decir, el pensar por nosotros mismos.
            Después de este recorrido por algunas de las principales posturas en torno al conocimiento, podemos trazar ahora una perspectiva crítica al modo tradicional de pensar la razón. Nos encontramos con filósofos que desde una actitud cuestionadora y desenmascaradora, ponen de manifiesto la necesidad de apertura, de autocrítica, de diálogo y tolerancia en el terreno cognoscitivo. Se trata de pensadores que denuncian el carácter antropocentrista, unidimensional, dogmático, descontextualizado de un modelo de ciencia y de racionalidad que se originó en la antigüedad y se consolidó en la modernidad.
Podemos considerar a Nietzsche como uno de los principales precursores de esta manera de pensar que atraviesa la filosofía contemporánea y que ha puesto en el centro de la reflexión al lenguaje. A partir de aquí comienza un fuerte cuestionamiento a la concepción de la verdad como correspondencia. Las palabras no representan a las cosas, sostiene Nietzsche, sino a las relaciones que establecemos con las cosas, en tanto son el resultado de una doble metáfora: un salto que se produce desde la excitación nerviosa a la imagen y de la imagen al sonido. La verdad lejos de ser la representación fiel de la realidad se convierte en un “ejército de metáforas”, a la que recurrimos únicamente por sus “consecuencias agradables” y no por un interés genuino en el conocimiento. Mientras la verdad constituya algo útil para la vida y el mantenimiento social, será aceptada pero cuando se convierta en una amenaza que ponga en jaque nuestras creencias establecidas, será rechazada.
Ahora bien, esta imposibilidad de establecer un vínculo de correspondencia entre el lenguaje y la realidad no se resuelve con la ciencia puesto que ésta parte del supuesto de que existe una legalidad intrínseca en la naturaleza. En realidad, percibimos esa legalidad porque nosotros mismos la colocamos.
Descartadas todas las vías de acceso a la actitud cognoscitiva, tanto la metafísica como la científica, Nietzsche propone recuperar nuestra dimensión sensible e intuitiva, vinculada con el arte y fundamentalmente con la vida.
La razón aparece desde Nietzsche no ya como una facultad que nos ubica en un lugar privilegiado respecto de los animales, sino justamente como una función biológica que nos sirve para vivir.
Pero tal vez se trata de pensar de otro modo aquello que entendemos por razón. En este sentido, podemos considerar la postura de Edgar Morin, que hace una distinción entre una “falsa” y una “verdadera racionalidad”. La primera constituye una racionalidad abstracta que reduce la complejidad de lo real a una mirada unidimensional y solo nos ofrece una “visión determinista, mecanicista” que “ignora, oculta o disuelve todo lo que es subjetivo, afectivo, libre, creativo”. Se trata de una inteligencia ciega y fragmentada que pretende ser racional cuando en realidad no lo es.
Una verdadera racionalidad, en cambio, es aquella que permite contextualizar, no separar,  que nos brinda una mirada amplia y diversa, no especializada e inerte. “(…) es el fruto de un debate argumentado de ideas y no la propiedad de un sistema de ideas. (…) reconoce los límites de la lógica, del determinismo, del mecanicismo; sabe que el espíritu humano no puede ser omnisciente, que la realidad implica misterio”. Se trata, entonces, de una racionalidad que desde una visión mucho más amplia da lugar a la subjetividad, a lo afectivo, al mito, al arte, es decir a aquellos aspectos de nuestra condición humana que frecuentemente fueron despreciados por la filosofía.
Morin propone, de esta manera, realizar una “reforma del pensamiento” que considere el contexto, lo diverso, la incertidumbre, la complejidad y el  carácter multidimensional de lo real.
Esther Díaz acompaña esta idea de un pensamiento contextualizado y complejo que sea capaz de combatir el dogmatismo impuesto por el modo tradicional de entender la razón y la ciencia. No podemos seguir afirmando que la ciencia es el único modo válido de explicar efectivamente la realidad, tenemos que considerar “las prácticas y discursos que ocupan el espacio social que durante la modernidad ocupó la ciencia”; esto es lo que la autora denomina “posciencia”.
Se trata, entonces, de abandonar la imagen de una racionalidad cerrada que pretende ser objetiva, universal e inmutable, para ampliarla y flexibilizarla. De esta manera, podemos plantear la idea de interdisciplinariedad que permita abrir el diálogo entre los diferentes saberes en lugar de convertirlos en “compartimentos estancos”.
            Es posible, sostiene Esther Díaz, pensar la ciencia desde otras categorías que tengan en cuenta la diversidad, la inestabilidad, la complejidad como afirmaba Morin.
Ahora bien, ejercer una postura crítica respecto de la razón y del conocimiento científico no implica caer en un irracionalismo, tal como afirma Ricardo Maliandi con claras reminiscencias kantianas. En efecto, para discutir necesitamos argumentos y estos solo pueden formularse desde nuestra dimensión racional. Si convertimos a la razón en el chivo expiatorio de todos nuestros males como lo hace el irracionalismo posmoderno, no podremos más que recurrir a formas violentas de relacionarnos. Lejos de extremismos y fanatismos, Maliandi advierte el carácter dialógico de la razón, es decir, la posibilidad de discutir colectivamente nuestras ideas siendo capaces de revisar nuestra postura y si es necesario modificarla. “Razonar implica dialogar”, es decir, reconocer la intersubjetividad de nuestros pensamientos, la constante presencia de los otros. “Nuestro propio “yo”, nuestra conciencia de ser una persona determinada, es también un producto de nuestras relaciones comunicativas”.
Esto supone el abandono de un “solipsismo metódico” y de un “paradigma de la conciencia” para dar lugar al “paradigma del lenguaje”, según el cual el solo hecho de pensar ya implica hacerlo de manera dialógica en tanto nuestros pensamientos están, como sugiere Maliandi, “hilvanados por el lenguaje, y el lenguaje no ha sido inventado por ninguno de nosotros en particular”. En definitiva, es en la relación comunicativa donde se discuten los argumentos de una postura y se van creando las posibilidades de un consenso. Para esto, es necesario, considerar al interlocutor no como un oponente sino como co- operador que me ayuda a revisar mis propias ideas y a modificarlas cuando así se lo requiera.
La capacidad de autocrítica implica el reconocimiento de nuestra falibilidad, señala Popper, reconocimiento que resulta fundamental si se quiere asumir una actitud intelectual honesta y tolerante. Popper recupera el concepto de tolerancia propuesto por Voltaire: “tolerancia es la consecuencia necesaria de constatar nuestra falibilidad humana” pero no podemos tolerar todo, existe un límite y éste está marcado por la intolerancia.
Para que esta actitud de tolerancia sea posible, debemos recurrir a tres principios éticos y epistemológicos fundamentales:
1-     El principio de falibilidad (puede ser que esté equivocado)
2-     El principio de discusión racional (que supone la discusión de los argumentos a favor y en contra de una teoría)
3-     El principio de aproximación a la verdad (podemos aproximarnos a la verdad, siempre y cuando “evitemos los ataques personales”).
Tanto Maliandi como Popper muestran la importancia de propiciar un diálogo y un pluralismo crítico dispuesto a la búsqueda racional de la verdad sin que esto implique convertirse en un dogmático.
A esta actitud de tolerancia, le añade Bunge, el carácter humanista que debe prevalecer en toda investigación científica que pretenda ser consciente de las consecuencias o resultados que podría tener en el mundo.
El intelectual no juega un papel neutral, debe asumir su responsabilidad y decidir si su contribución es conveniente o no para la humanidad. “Un humanismo sin ciencia y neutral es inoperante; una ciencia sin humanismo es peligrosa” concluye Bunge.
Y es justamente sobre los efectos prácticos que puede llegar a tener una afirmación, de lo que se ocupa el Pragmatismo propuesto por W. James. “¿En qué aspectos variaría el mundo si fuera cierta esta alternativa?” se pregunta aquel que asuma el método pragmático, intentando “apaciguar las interminables disputas metafísicas” y recuperando (como ya lo hizo Nietzsche) el mundo vital y diverso de nuestra experiencia. En contraposición al racionalismo que apela a enunciados abstractos, carentes de significado, el pragmatismo se remite a lo empírico, a los hechos, a las consecuencias.  Critica la idea de una verdad objetiva, independiente del sujeto que la formula, “el pragmatista habla de las verdades en plural, sobre su utilidad y suficiencia, del éxito de su actuación”.
¿Cuándo una idea es verdadera? Cuando tiene  alguna utilidad o beneficio para quien la sostiene, cuando nos sirve para orientarnos mejor en la vida. “La verdad de una idea no es una propiedad estancada inherente a ella. La verdad acontece a una idea. Llega a ser cierta, se hace cierta por los acontecimientos”.
             W. James comparte con Nietzsche el cuestionamiento al racionalismo en su pretensión de una adecuación entre el lenguaje y la realidad.  El pragmatista y el racionalista se diferencian notablemente porque para el primero es fundamental considerar nuestra experiencia y la utilidad de nuestras creencias, en cambio el racionalista percibe un mundo inmutable, absoluto, totalmente alejado de nuestra vida. 
Si queremos sostener una perspectiva crítica del conocimiento, no podemos dejar de reflexionar sobre el poder que ejercen los medios de comunicación en nuestra manera de relacionarnos con el mundo.  Desde una mirada optimista, Vattimo celebra la posibilidad de emancipación que ofrecen los mass media en tanto nos muestran múltiples miradas y no un relato único como sostuvo la modernidad. La posmodernidad comienza cuando dejamos de sostener la idea de una historia unitaria, resultado de un discurso hegemónico, y abrimos el juego a nuevas voces, a nuevos relatos.
Los medios de comunicación tienen un papel central en la sociedad posmoderna (sociedad que lejos de ser transparente, aparece como compleja) al disolver la idea de un relato único y mostrarnos diferentes concepciones del mundo. Aquí reside la esperanza de emancipación de la que habla Vattimo.
“Las minorías han tomado la palabra (…) al no ser, por fin, silenciadas y reprimidas por la idea de que hay una sola forma verdadera de realizar la humanidad”.
           En contraposición a esta postura, Bourdieau considera que los medios de comunicación presentan una visión superficial y atomizante de la realidad. No buscan más que divertir, despolitizar, simplificar y provocar en el espectador temor y retraimiento.
El “mundo periodístico” lejos de emancipar, nos somete a una visión totalmente trivial de la realidad, un ejemplo paradigmático de esto es el tratamiento que se realiza de la política: se privilegia “la pelea sobre el debate, la polémica sobre la dialéctica, el enfrentamiento entre las personas en menoscabo de la confrontación de argumentos”. 
Para la visión periodística, todo tema debe convertirse en un espectáculo, todo debe ser divertido, de tal suerte que aquello que se vincule con lo “serio” resulta aburrido y carente de sentido.  Esto genera, lo que Bourdieu llama, el “desencanto de la política”.
En síntesis, los medios de comunicación (fundamentalmente la televisión) descontextualizan, ofrecen hechos aislados, no generan ningún tipo de reflexión o análisis profundo de la realidad y despolitizan.