viernes, 5 de junio de 2009

Unidad 4: Ética

¿Los valores son universales?
Una de las preguntas que orientan la discusión en el terreno de la ética es si existe un principio moral que pueda ser considerado universal. Quienes afirman la posibilidad de que los valores sean universales se encuentran en una posición que se denomina Universalista y quienes niegan esta posibilidad se ubican en las filas del Relativismo.
¿Cómo fue tratada esta discusión en la Modernidad? y ¿cómo es abordada actualmente? Serán las dos preocupaciones que trataremos de dilucidar.
Para el pensamiento moderno, el universalismo ético intenta buscar su fundamentación en el hombre y no en valores procedentes de Dios. Sabemos que uno de los rasgos más fuertes de la modernidad es justamente el intento de desprenderse del principio de autoridad para poder construir un pensamiento secular y autónomo. De ahí que, quienes se ubican en una postura universalista en el contexto de la modernidad afirmen que el deber y la obligación moral se asientan en la razón humana. Uno de los principales exponentes de esta línea de pensamiento es indudablemente Kant, fundador de la ética formal.
Como contrapartida al universalismo, encontramos también en la modernidad, defensores del relativismo ético, para los cuales no es posible encontrar un único principio moral que podamos considerar verdadero. Entre los escépticos de la posibilidad de alcanzar una fundamentación universal de los valores, podemos mencionar a David Hume.
El relativismo se profundizó en el período posterior a la modernidad y que hoy muchos pensadores denominan “posmodernidad”, sobre todo a partir de una serie de acontecimientos nefastos que pusieron en jaque la idea de un principio moral universal. Pensemos, por ejemplo, en las guerras mundiales, en el nazismo, en la creciente desigualdad social. Hasta qué punto podemos hablar de un bien universal si parece que el bien “fue entendido de muchas maneras”.
Sin embargo, tal vez no se trate de caer en posturas extremas que cargan la responsabilidad en la dimensión racional del hombre como si fuera la culpable de todas las atrocidades humanas. Ricardo Maliandi, por ejemplo, propone una “vuelta a la razón”, es decir, una recuperación del diálogo y la argumentación como herramientas centrales contra la violencia y la irracionalidad.

Algunos problemas éticos en la modernidad y posmodernidad. Propuesta bibliográfica.

a) Introducción a la problemática ética en la modernidad:
Para comenzar a comprender el panorama del pensamiento moderno en relación a la ética se sugiere el texto de Schneewind en Peter Singer “La filosofía moral moderna” donde el autor plantea un recorrido por tres etapas de la modernidad en relación a la ética:
1 Separación de la idea de una fundamentación religiosa de la moral.
2 Defensa de la noción de autonomía
3 Preocupación por la moral pública

b) Problema de la fundamentación de la moral: Universalismo vs. Relativismo:
Como defensa del universalismo se propone la lectura de la “Fundamentación de la metafísica de la costumbres” (cap. 1) de Kant.
Este texto resulta fundamental en el pensamiento filosófico moderno dado que constituye la exposición de las ideas kantianas en torno a la posibilidad de fundamentar una ética de alcance universal. El criterio que permite distinguir el carácter moral de una acción radica en la intencionalidad y no en el resultado. De ahí, que la ética de Kant sea una ética formal, para la cual lo único bueno en sí mismo es la buena voluntad. El Imperativo categórico es la ley universal que nos permite obrar por deber y contra nuestras inclinaciones egoístas.
Como contrapartida al universalismo kantiano, podemos encontrar la posición de D. Hume, crítico de la posibilidad de alcanzar una fundamentación universal de los valores. En el texto “Tratado de la naturaleza humana. Sección II”, Hume afirma que la moral está vinculada con nuestros sentimientos de aprobación y desaprobación. “Aprobamos aquellos deseos que nos llevan a hacer algo beneficioso y desaprobamos lo que nos causa daño”.
Para profundizar la cuestión del relativismo, el texto escrito por D. Wong en “Compendio de ética” de Peter Singer, resulta muy interesante. Aquí se hacen algunas aclaraciones acerca de la manera en que se suele entender el relativismo. Wong advierte que el principal motivo de discusión con los relativistas es que frecuentemente se piensa en esta postura desde su versión más extrema, una especie de relativismo radical que afirma “todo vale”. Por eso, el autor propone concebir al relativismo como una posición más moderada o razonable que al mismo tiempo que niega la existencia de una única moral verdadera, admite que algunas posturas pueden ser falsas en virtud de las funciones que deben desempeñar en la sociedad.
Wong distingue dos tipos de relativismos: un relativismo metaético y un relativismo normativo. Una posición razonable del primero supone descartar las posturas incapaces de considerar los intereses de los demás, y una versión moderada del segundo, consistiría en la posibilidad de juzgar otras culturas cuando éstas asuman una actitud intolerante de las diferencias.

c) La ética en la posmodernidad: altruismo indoloro vs Imperativo Categórico. Crisis de la idea kantiana de deber.
Texto de G. Lipovetsky: “El crepúsculo del deber. Cap.: las metamorfosis de la virtud”.
La sociedad posmoderna ha sustituido el ideal del deber moral y de ayuda al prójimo por el del amor a sí mismo. “Eclipse del deber”, “moral sin obligación ni sanción”. No se trata de que el hombre posmoderno sea más egoísta, sino que ahora ser egoísta no está mal visto, no es inmoral como proclamaba Kant. Se desculpabiliza el egocentrismo, lo que no significa, sin embargo, que estemos en un estado de naturaleza. Se quiere ayudar al otro pero sin comprometerse demasiado.
Los medios de comunicación ejercen un rol central: orientar la generosidad como si la ética fuera un show. Pensemos en los recitales como “Live 8” o en las campañas de Unicef “Un sol para los chicos” donde se difunde la solidaridad y se intenta sensibilizar a través de figuras reconocidas de la música o la televisión.
Esto trae como consecuencia dos grandes paradojas:
1 Los medios desencadenan gestos de solidaridad pero al mismo tiempo liberan de compromiso a los espectadores.
2 Nos hemos vuelto más sensibles a la miseria expuesta en televisión que a la miseria cotidiana que percibimos diariamente.
En la misma línea de Lipovetsky, Esther Díaz en su texto “Posmodernidad”. Cap. “La posética” señala las principales transformaciones en el modo de concebir la ética en la sociedad posmoderna en relación a la ética moderna. Entre esas transformaciones cabe mencionar: el desplazamiento de una ética centrada en el deber hacia una ética preocupada por lo conveniente. Ya no importa lo que se debe hacer sino lo que conviene hacer. Otro rasgo es el carácter seductor y divertido de la ética posmoderna que lejos de ejercer un peso en nuestras conciencias busca sensibilizarnos, conmovernos a través de las imágenes que nos ofrecen los medios de comunicación.

d) Ciencia: ¿responsabilidad ética o neutralidad?
Texto de Mario Heler: “Ciencia incierta”.
Podemos preguntarnos si existe una relación entre la ciencia y la ética o si se trata de dos esferas separadas. ¿La ciencia tiene algún tipo de responsabilidad frente a sus resultados? ¿Es admisible la neutralidad científica? Heler hace un análisis crítico de la ciencia moderna o de lo que él denomina la “historia oficial de la ciencia”, es decir, de la versión hegemónica o dominante de la misma, según la cual la ciencia sólo es responsable de la creación de un objeto pero no de sus consecuencias. Para comprender mejor esta versión, el autor hace un recorrido por las principales características del pensamiento científico moderno y plantea una paradoja: la ciencia se autoproclama responsable de sus resultados positivos y los celebra como si fueran propios, pero se desentiende de las consecuencias negativas como si fueran el producto de otros.

e) La posibilidad de una ética laica
Texto de U. Eco “¿En qué creen los que no creen?”
El ideal ético de la modernidad consistía en poder alcanzar una fundamentación ética que no se apoye en principios trascendentes sino que tome como punto de partida al sujeto. Y es la razón el instrumento fundamental que posee el hombre para conocer y obrar.
Desde este momento surge la iniciativa de de plantear la ética en términos seculares, y es este gesto inicial el que recupera Eco al postular que no es necesario creer en Dios para ser moral.
Lo que se pone en juego cuando hablamos de ética no son nuestras creencias religiosas principalmente, sino la capacidad de considerar a los otros. “La ética comienza cuando los demás entran en escena” dice el pensador. La respuesta a la pregunta ¿En qué creen los que no creen? Parece ser: creen en los otros.

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